Un yorkshire que corre por el parque, de pronto da tres o cuatro saltitos sobre tres patas, estira la pierna hacia atrás y sigue caminando como si nada. Un chihuahua que a veces encoge una pata trasera al bajar del sofá. Un caniche toy que nunca termina de apoyar bien al salir de paseo. Son formas muy típicas de presentarse la luxación de rótula en perros, un problema ortopédico frecuente en razas pequeñas que muchos tutores confunden al principio con una manía o con un golpe sin importancia.
La rótula es un hueso pequeño que se desliza por un surco del fémur cada vez que la rodilla se dobla y se estira. Cuando ese surco es poco profundo o los huesos de la pata no están bien alineados, la rótula se sale de su sitio. A veces vuelve sola en un segundo; otras se queda fuera y la pata trabaja forzada.
Según el Colegio Americano de Cirujanos Veterinarios (ACVS), más del 90 % de los tutores de perros operados quedan satisfechos con la evolución, la recaída es poco común y los perros con luxación de rótula tienen más predisposición a romperse el ligamento cruzado. La misma fuente indica que la cirugía se plantea sobre todo a partir del grado II, mientras que las luxaciones sin síntomas se vigilan.
Saber qué grado tiene tu perro es lo que más ayuda a entender qué tratamiento le propone el veterinario y qué puedes esperar a largo plazo.
La luxación de rótula es el desplazamiento de la rótula fuera del surco troclear del fémur, el canal por el que debería deslizarse. Puede salirse hacia dentro de la rodilla, que es lo más común, o hacia fuera, y en la mayoría de los casos su origen está en el desarrollo de la pata durante el crecimiento, aunque también puede deberse a un traumatismo.
En la luxación medial, la rótula se desplaza hacia la cara interna de la rodilla. Es la forma más frecuente con diferencia, sobre todo en perros pequeños, y con el tiempo puede hacer que las patas traseras se arqueen hacia fuera. La luxación lateral, hacia la cara externa, es menos común y se ve más en razas grandes, en las que la rodilla puede llegar a quedar ligeramente metida hacia dentro.
En la mayoría de los perros, el problema viene de cómo se ha formado la pata. Un surco troclear poco profundo, una cresta de la tibia desviada o un fémur con una curvatura mayor de lo normal hacen que el cuádriceps tire de la rótula en una dirección incorrecta. Cada vez que el músculo se contrae, la rótula tiende a escaparse del surco. Con menos frecuencia, la luxación aparece tras un golpe o una caída que daña los tejidos que sujetan la rótula.
Las razas pequeñas y toy concentran la mayoría de los casos, entre ellas el Yorkshire Terrier, el Chihuahua, el Pomerania, el Caniche miniatura y toy y el Boston Terrier. En los últimos años también se diagnostica con más frecuencia en razas grandes como el shar pei, el akita, el retriever de pelo liso o el montaña de los Pirineos, en las que el tratamiento resulta más complejo.
La luxación de rótula se clasifica en cuatro grados según lo fácil que se sale la rótula y si vuelve o no a su sitio. El veterinario lo determina explorando la rodilla con las manos, y el grado orienta tanto el pronóstico como la decisión de operar.
Grado | Qué ocurre con la rótula | Cómo suele verse en el perro |
|---|---|---|
I | Se puede sacar con la mano, pero vuelve sola a su sitio al soltarla | Muchas veces sin síntomas; se detecta en una revisión |
II | Se sale al flexionar la rodilla o al manipularla y se queda fuera hasta que el perro estira la pata o se recoloca | Saltitos ocasionales sobre tres patas |
III | Está fuera de su sitio la mayor parte del tiempo; se puede recolocar con la mano, pero vuelve a salirse | Cojera frecuente y apoyo con la rodilla flexionada |
IV | Está fuera de forma permanente y no se puede recolocar | Cojera continua y deformidad visible de la pata |
Un mismo perro puede tener grados distintos en cada rodilla, y es habitual que la luxación afecte a las dos. El grado tampoco es fijo, porque una luxación de grado I o II puede avanzar con los años si la rodilla sigue trabajando desalineada, de ahí la importancia de las revisiones periódicas.
El síntoma más característico es el «saltito», unos pasos sobre tres patas con la pata trasera levantada, seguidos de una vuelta a la normalidad en cuanto la rótula regresa al surco. Según avanza el grado, las cojeras se vuelven más frecuentes y pueden llegar a ser continuas.
El tratamiento depende del grado, de los síntomas, de la edad y del tamaño del perro. Las luxaciones leves sin cojera se controlan con revisiones, ejercicio adaptado y control del peso, mientras que los grados con síntomas o deformidad suelen requerir cirugía para recolocar la rótula de forma estable.
En perros con grado I, o con grado II sin cojeras ni dolor, la pauta es vigilar. Mantener un peso adecuado reduce la carga sobre la rodilla, y un buen tono muscular en el cuádriceps y los glúteos ayuda a que la rótula se mantenga en su sitio. La fisioterapia tiene aquí un papel preventivo, con ejercicios que fortalecen la musculatura y mejoran la estabilidad de la pata.
La cirugía se valora a partir del grado II cuando hay cojeras frecuentes, dolor o empeoramiento, y casi siempre en los grados III y IV. En cachorros con luxaciones graves, operar a tiempo ayuda a que el hueso no siga creciendo deformado. En razas grandes, o cuando la luxación coincide con otros problemas como la displasia de cadera, la cirugía es más compleja y el pronóstico más reservado.
El cirujano combina varias técnicas según lo que necesite cada rodilla. La trocleoplastia profundiza el surco del fémur para que la rótula tenga un canal donde apoyarse. La transposición de la cresta tibial desplaza el punto donde se inserta el tendón rotuliano para alinear la tracción del cuádriceps. Además, se ajustan los tejidos blandos, tensando el lado hacia el que se escapa la rótula y liberando el contrario. En deformidades óseas importantes, puede ser necesario corregir el fémur con una osteotomía y una placa.
La luxación de rótula y la rotura del ligamento cruzado aparecen juntas con más frecuencia de la que cabría esperar por azar. Cada vez que la rótula se sale, la rodilla trabaja con una alineación anómala que somete al ligamento cruzado a tensiones para las que no está preparado, y con los años esa carga extra favorece su desgaste.
Por eso, si un perro con luxación de rótula conocida empieza a cojear de forma distinta, más continua o con la rodilla inflamada, hay que descartar que el ligamento se haya roto. Explicamos cómo se reconoce esa lesión y cómo se trata en nuestro artículo sobre la rotura de ligamento cruzado en perros. Cuando coinciden las dos lesiones, el cirujano puede corregirlas en la misma intervención.
La fisioterapia tiene dos objetivos según el momento. Después de la cirugía, recuperar el apoyo y el músculo de la pata operada de forma progresiva y segura. En perros que no se operan, fortalecer la musculatura que estabiliza la rodilla para que la rótula se salga menos.
Las primeras semanas se centran en controlar el dolor y la inflamación con frío local, movilizaciones pasivas suaves y paseos muy cortos con correa. Cuando el cirujano lo autoriza, se añaden ejercicios de carga, como sentarse y levantarse despacio o desplazar el peso de una pata a otra. Si se ha cortado hueso, la progresión espera a que las radiografías confirmen la consolidación. En Masscan reforzamos este proceso con láserterapia y magnetoterapia para la inflamación y con electroestimulación para frenar la pérdida de músculo del muslo.
El trabajo se orienta a fortalecer el cuádriceps, los isquiotibiales y los glúteos, que son los músculos que mantienen la rodilla alineada. Cada ejercicio se adapta al tamaño, la edad y el grado de luxación del perro, y lo ideal es que un fisioterapeuta marque la progresión.
Si quieres incorporar más actividad física adaptada a la edad y la condición de tu perro, en el blog tenemos una selección de ejercicios para perros que puedes combinar con estas pautas.
No siempre. Si el perro no cojea con frecuencia ni tiene dolor, puede manejarse con control de peso, ejercicio adaptado y revisiones. La cirugía se plantea cuando los saltitos se repiten, aparece dolor o la luxación empeora con el tiempo.
No. La rótula puede volver a su sitio de forma espontánea en los grados leves, pero la causa anatómica sigue ahí. Lo que sí se puede conseguir sin cirugía, en casos leves, es que los episodios sean menos frecuentes gracias a una buena musculatura y a un peso adecuado.
Los perros necesitan varias semanas de reposo controlado, más si se ha cortado hueso, y se hacen radiografías de control para comprobar la consolidación. Con una rehabilitación bien pautada, la mayoría vuelve a caminar con normalidad en unos meses.
La luxación de rótula comparte síntomas con otras lesiones de rodilla y de cadera, así que una valoración a tiempo permite tratarla antes de que dañe el cartílago. Si te interesa conocer otras patologías que tratamos en consulta, como la displasia o la hernia discal, las encontrarás en el blog de Masscan.
En Masscan, nos dedicamos a proporcionar servicios avanzados de fisioterapia y rehabilitación para mascotas en Sevilla, mejorando su salud y calidad de vida.